lunes, 3 de febrero de 2014

Cien razones para VIVIR con TINNITUS


vivir con tínnitus, vivir con acúfenos. 


Acepta a tu acúfeno como compañero de viaje



Algunas veces me han escrito personas desesperadas por el hecho de tener acúfeno, piensan, siente, expresan sus dificultades diarias, así como poner fin a su existencia. Ayer recibí un mensaje de una persona sin ninguna ilusión, te dejo aquí amigo, compañero 100 razones para vivir, con la esperanza que la última la escribas tú. jackdark me comentaba "poner fin a todo"


1. Amar

2. Hacer el amor


3. Sentirse querido, cada día… Imprescindible.


4. Encontrarse a uno mismo. Hay una verdadera mina dentro de cada uno de nosotros y tenemos toda una vida para descubrirla, para desarrollarla.


5. Descubrir la bondad de la gente. Creo que todas las personas la tienen, incluso las que parecen más malas.


6. Aprovechar esta vida para cambiar, un poquito, el mundo, aunque sólo sea aportando mis dos granitos de arena.


7. Mi familia. Mi madre, mi padre, mi hermano, mi hermana. Me necesitan. Los quiero. Me quieren. Los necesito.


8. Trabajar como pediatra, el trabajo más bello del mundo. Algo que me hace venir feliz cada mañana. Podría dejar de esquiar, de correr, de viajar... pero nunca podría dejar esta profesión. Es la mejor profesión par amar. Da sentido a mi vida.


9. Intentar ser el mejor médico que pueda llegar a ser, tanto en lo científico como en lo humano. Mis padres hicieron en su día un gran esfuerzo por darme toda la formación posible, tanto humana como académica. Es lo menos que puedo hacer en agradecimiento.


10. Enseñar... Disfrutar con la docencia igual que vi disfrutar a los que me enseñaron. Enseñar pediatría a los residentes, a una madre a dar el pecho, a otros sanitarios a saber reanimar a un niño que se para... y también aprender enseñando.


11. Escuchar música miles de veces durante la vida. Sentir cómo uno flota. Notar como el corazón se abre en cuanto tus oídos oyen las primeras notas de esa pieza de piano… Todos los corazones se abren con la música. Casi todas estas líneas están escritas con música…


12. Inspirarme con esa música y con sus letras. Como esas preciosas líneas de Serrat: “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.Aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti… … No dosifiques los placeres, si puedes derróchalos. Si la rutina te aplasta dile que ya basta de mediocridad… …. Hoy puede ser un gran día, imposible de recuperar. Un ejemplar único, no lo dejes escapar. Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti. No lo mires desde la ventana y siéntate al festín. Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día… y mañana también.


13. Y un día… encontrarte con “ella” en un concierto sin esperarlo.


14. Reír, reír sin parar, a carcajadas. Soltar una gran carcajada si lo sientes.


15. Hacer reír a un amigo/a que esté triste. Y si consigues sacarle una carcajada, aún mejor.


16. Llorar… Llorar cuando haga falta, lo que haga falta. Lo necesario para sentir lo que haya que sentir… para luego poder volver a sonreír.


17. Sentir… Sentirse vivo. No sentir que se nos pasa la vida dormidos.


18. Educar... Educar con el ejemplo, a tus hijos, a otros niños. Eso nos obliga a esforzarnos a ser mejores personas. Sólo así educaremos bien con el ejemplo. Los niños imitan lo que ven.


19. Ver la magia y la inocencia en la mirada de los niños. Esa mirada inquisitiva de querer abarcarlo todo, de querer aprender sin parar, de inmensa alegría e ilusión en todo lo que hacen. Ojalá aprendiéramos todo eso de ellos.


20. Pensar que la vida no se termina… hasta que se termina… y que hay tanto por hacer, por disfrutar hasta que llegue ese día...


21. Leer... Disfrutar leyendo un buen libro... o dos... o doscientos… o dos mil.


22. Pasear descalzo por una playa eterna, sin nadie, quizás en el Delta del Ebro… Tumbarte y escuchar las aves, las olas, la brisa del mar… Cerrar tu libro y los ojos e imaginarte lo que quieras… A una princesa caminando por esa playa.


23. No llorar por no ver el sol. Tumbarte también de noche en un campo bajo un cielo lleno de estrellas… y quizás ver una estrella fugaz… ydesear que se cumpla tu sueño.


24. Disfrutar de la intimidad… Recrearse. Por las noches, susurrar cerca de su oído todo aquello que durante el día no le has podido decir. Disfrutar de esos momentos de intimidad juntos, cuando la ciudad ya duerme. Hablarle tan cerca y tan bajito que ni una mosca se entere. Eso no se paga con nada y no se consigue en 2 días, ni en 10.


25. Que te despierte por la mañana con un beso muy suave en el cuello… o con el olor a café recién hecho. El olor del hogar…


26. Despertarle a ella con una música suave que llene el aire de la casa una mañana de domingo, cuando el sol ya invade las habitaciones. Que los niños ese día duerman hasta tarde…


27. Bailar… Suelto y con ritmo… o lento, agarrado, pegado a ella... o en un vals en la boda de tu hermana… o en tu propia boda.


28. Sumergirte en las aguas de una piscina, de un río, de un lago, de un océano… o de tu bañera (aunque yo no tengo bañera...).


29. Sentir algo tan intenso (una canción, una escena de una película) que se te ponga la piel de gallina… incluso cuando hace 40ºC afuera.


30. Ver esa emoción en los ojos de un niño cuando pasan los Reyes en la Cabalgata. Todos nos lo creímos durante un tiempo, verdad?


31. Ver a mi hermano, con más ilusión y sentido del humor que nadie. Aprender la lección.


32. Ver a mi madre, cada día más guapa y sonriente. Sobre todo cuando lea esta línea.


33. Valorar cada día toda la educación que recibiste y todas las horas que dedicaron tus padres a ti (y que dedican). Que no haya sido en balde.


34. Asistir a un parto en una guardia. Ver que el niño llora. Ver que la madre llora. Ver que el niño deja de llorar tras ponerlo piel con piel con su mamá. Ver que, entonces, es el papá el que llora.


35. Pensar que algún día serás padre (o madre).


36. Amamantar a tu hijo (eso vosotras) o... para ellos, ver feliz a tu mujer amamantando a vuestro hijo. Aunque los chicos también podemos ponernos a un bebé piel con piel (bueno, con piel y pelos, claro, como también lo hacen los gorilas... en la niebla).


37. Viajar… viajar…. y viajar… física y también mentalmente, en el espacio y también en el tiempo… Este último viaje es, además, gratis.


38. Dejar que el amor guíe tu vida, no el egoísmo.


39. Quererte más que a nadie en el mundo. Lo necesitarás para querer a otros.


40. Aprender a hablar otros idiomas, otras formas de comunicación.


41. Aprender de una vez a cocinar... A ella le gustará.


42. Que te suene el busca de la guardia y que no sea porque hay un niño con fiebre, sino porque tus residentes te llaman para bajar a cenar contigo. Gracias chicos/as!


43. Ver que sí existe gente generosa, altruista, gente buena.


44. Aprender algo cada día. Aprender de todos, de todo. Mejorar.


45. Aprender a saber perder.


46. Disfrutar de los éxitos y, más importante, aprender de los fracasos.


47. Aprender a saber perdonar.


48. Saber que aunque estemos en verano y disfrutemos de estos gloriosos días largos… todo cambia… y saber que también volverá a nevar.


49. Pasar con tus esquís por encima del mismo lago cubierto de nieve en el que unos meses antes te bañaste.


50. Volver a ver esa película que tanto te emociona. Y traerte a alguien para que la vea contigo.

51. Emborracharte alguna vez, siempre en buena compañía.

52. Dar gracias al final de cada día y dormir en paz, duermas solo o acompañado.


53. Ser feliz siendo tú mismo y no otro que los demás quieran que seas. Imprescindible.


54. Sentirte tranquilo contigo mismo cada día que pasa. Esto sólo es posible diciendo siempre lo que sientes, lo que piensas, sea o no del agrado de los que te escuchan. La sinceridad proporciona tranquilidad interior, otra razón para vivir a gusto cada día.


55. Sentirse, cada día más joven por dentro. Pero añadiendo a esta “juventud mental” la experiencia de la vida que pasa, ese marco de referencia de nuestra propia existencia que nos enriquece cada día que vivimos. Somos “de mayor” más conscientes de nuestra juventud, (como una forma de vivir, de vivir con ilusión) que el joven en años que, sin perspectiva de la vida, casi ni se entera de que es “joven”.


56. Otra razón más para vivir es pasear por tu ciudad y, alguna vez, ver que por la otra acera, camina una Princesa olvidada o desconocida...Quizás la Princesa Deletrea de Eritrea a la que se le van cayendo las letras mientras camina… o las hermanas Princesas musicales Dorremí o Fasolá… o la bailarina Princesa Zulú Zazú que camina como volando sobre el suelo… o la Princesa Katapum, que se tropieza por todos lados… o la Princesa Varaseca, que camina derecha como una “i”… o a la Princesa Plisplás Noloverasmás que se desliza en silencio, sin que nadie la atrape… o a la Princesa Pitonisa, que ve muy lejos, a veces incluso hasta el día siguiente… o la Princesa Desconocida que, sin embargo, existe… o la princesa Amnesia que se olvida de todas sus citas o acude el día equivocado… o la princesa Liliana de la Selva que luce un vestido de piel de leopardo y busca a un príncipe sin vértigo que le acompañe de rama en rama… o la Princesa de las Arenas que se desplaza al capricho de los vientos… o a las inseparables Princesassiamesas Ding y Dong o la Princesa Tacatá, que todavía necesita ayuda par aprender a andar…


57. Más razones… Pues escuchar a los violinistas que tocan tan bien a Mozart en las puertas del Corte Inglés. Otra vez la música, que abre el corazón..

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58. El deporte… Volver a ver y a vivir el gol de Nayim en la Recopa… cuando todos gritamos oooeeeoooeeehhh!!! Recordar los amigos y familiares con los que compartiste ese momento.

59. Recordar ese gol que metiste en el colegio en el último minuto y que salvó al equipo de tu clase.


60. Recordar el primer beso que diste.


61. Y la primera bofetada que te dio una chica.


62. Pensar... ¿Cuándo daré el próximo beso? ¿y a quién??


63. Recibir en tu móvil ese mensaje de alguien especial. Especial para ti.


64. Saber que, algún día, “ella” te elegirá.


65. Pensar que quizás, ni siquiera la conozcas todavía…


66. Correr por el parque con música en tus oídos o quizás correr por el Pirineo, con el sonido de los pájaros, del viento o de la lluvia...


67. Dormir en una tienda de campaña una noche de tormenta y notar el sonido de las gotazas golpeando en la lona como una ametralladora.


68. Conducir con música al hospital y aprovechar ese tiempo para pensar, para flotar, para viajar mentalmente.


69. Saborear un buen vino, una buena cerveza, una buena comida… con gente que te quiere.


70. Brindar hace unos días con mi padre, mi madre y mi hermano por el nacimiento de nuestra primera sobrina. Y ver que mi hermano brinda cogiendo la copa con su propia mano, como si nada hubiera pasado.


71. Poder fotografiar momentos increíbles. Guardar ese instante, esa imagen, esa centésima de segundo, para siempre. Poder volverla a ver una y mil veces. Recordar… qué bello fue ese momento… y yo estuve allí!!


72. Intentar hacer un poquito de arte con una cámara de fotos.


73. Sentir a Dios cuando recorres el Pirineo en invierno con tus esquís.


74. Notar cómo cruje la nieve dura por la mañana bajo las puntas afiladas de tus crampones. Desear que se reblandezca luego para bajar esquiando por esa misma ladera.


75. Navegar, con tus esquís sobre el manto blanco como su fueras un velero sobre el mar. O navegar con un velero blanco sobre el mar azul…


76. Poder dejar el móvil “en silencio” y echarte una siesta en el sofá poco después de comer. Paz en tu corazón… paz necesaria… esa hora es tuya. Zzzz...


77. Sentir la tranquilidad y la felicidad de poder confiar ciegamente en tu pareja.


78. Saber que ella te quiere, con sólo ver cómo te mira, cada día.


79. Ver a mi padre bailar el primer vals con mi hermana, el día de su boda y verles a ambos esa mirada de felicidad. Y verlos en las fotos que les hice, cada vez que quiera.


80. Encontrar estímulos para seguir escribiendo tanto “La meteo que viene” como estas reflexiones sobre la vida. Tener al otro lado personas que las están esperando y que te animan cada día, con sus mensajes, a seguir escribiéndolas. Gracias.


81. Poder decir gracias a alguien que te ha ayudado. El agradecer la ayuda, siempre alegra al que la da.


82. Enamorarte... Cada día.


83. Recordar, en los momentos más duros, que Dios provee...


84. Saber que no hay nada imposible, salvo la muerte. Pensar en la reversibilidad de las cosas, por muy mala pinta que tengan. Todo puede cambiar a mejor.


85. Pensar que la vida da mil vueltas... Si estás en las vueltas buenas, disfrútalas e intenta no perder esa buena órbita. Si estás en las malas, saber que tienes otras 999 vueltas distintas y que muchas de esas serán buenas.


86. Tener fe...


87. Estudiar... Estudiar música, poesía, arte, cómo interpretar un buen cuadro, historia, el cuerpo humano, medicina, las distintas culturas, tantas cosas... aunque nunca habrá tiempo para todas...


88. Buscar inspiración en frases como ésta de Henry David Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería extraer todo el meollo a la vida, dejar de lado todo lo que no fuera la vida para no darme cuenta en el momento de la muerte, que no había vivido”


89. Casarte sólo por amor... Y tener el valor de no casarte si no hay amor.


90. Evitar, en la medida de lo posible, la mediocridad. Hacer las cosas bien, grandes o pequeñas, pero hacerlas bien. Poner ilusión en todo lo que haces, incluidas las cosas más pequeñas.


91. Valorar los pequeños detalles de cada día.


92. Disfrutar de poder ver, cada día en tu trabajo (pediatría) el amor más alto que existe, el de una madre hacia un hijo. Es un amor que no hay que hacer nada para merecerlo ni hay nada que lo pueda echar a perder. Las madres lo dan todo por el hijo (sea un sol o un demonio), horas y horas en el hospital, en vela, cuidando de ellos.


93. Formarte… Ir a congresos y cursos de pediatría y comprobar que, en otros muchos sitios, hay también muchos pediatras enamorados de su trabajo que, incansables, forman y se forman para ser mejores cada día.


94. Notar el sol de invierno en tu cara, su calor, tan deseado en esos días cortos y fríos.


95. Ver entrar por la puerta de la consulta a un niño que viste enfermo unos días antes en urgencias y ver que se está curando. Sentirte satisfecho. Aprender de cada caso, cada día. Ver la satisfacción de los padres y su confianza en ti. Proporciona felicidad.


96. Pensar que todas las cosas buenas que hagas en esta vida podrán tener repercusión en generaciones por venir, aunque tú nunca te enteres de ello. El bien que hoy has hecho a alguien puede transmitirse a otros, que se beneficiarán más adelante, sin que ellos sepan dónde empezó todo (y sin que tú sepas el alcance de tu buena acción). Y eso le da magia a la vida…


97. Saber que estas 100 razones se me ocurren a mí, pero que para mucha otra gente, habrá otros cientos de otras razones para vivir que, seguramente, también lo serán para mí.


98. Pensar que “ella” esté leyendo ahora esta frase. Que ha llegado leyendo hasta aquí...


99. Tener la suerte de haber nacido.

100. La última os la dejo a cada uno de vosotros.





Otin & Lucas.  artículo nº 106


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El blog tiene la intención de poder ser de  ayuda a todas las personas con acúfenos (tínnitus) que están desorientados respecto a su síntoma, informales de las diferentes posibilidades terapéuticas y mantenerles actualizados con las novedades que vayan surgiendo en el campo del acúfeno. El fin es conseguir que todos las personas que presentan un acúfeno severo o incapacitante alcancen unos niveles de habituación que reduzcan drásticamente la intensidad y la molestia de su síntoma para hacerlo menos perceptible. Esta es la razón de nuestro trabajo y del título del blog LA PUERTA DE LA ESPERANZA. Saludos cordiales. otínylucas







 fotografía y diseño de Juan  Salvador Vílchez  
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Artículo redactado por Jorge García-Dihinx.  Pediatra

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